Capítulo 11 – La Resurrección



TodoCats ya estaba funcionando, los gatos seguían llegando, la comunidad crecía, pero todavía faltaba algo, ese momento final en el que uno se enfrenta a sí mismo y descubre si realmente aprendió lo que el viaje venía exigiéndole desde el inicio. Y aunque yo pensaba que ya había pasado por lo más difícil, la vida se encargó de mostrarme que aún quedaba una última prueba, más silenciosa y más personal que todas las anteriores.

La Resurrección llegó disfrazada de responsabilidad, de cansancio acumulado y de decisiones que ya no podía seguir postergando. De repente me encontré gestionando demasiadas cosas a la vez: mantener la página actualizada, organizar los cuidados de los gatos, responder mensajes de adoptantes, planificar la tienda solidaria, preparar las historias nuevas. Sentía que TodoCats estaba creciendo más rápido que mi capacidad para sostenerlo. Y ahí apareció la parte más difícil, admitir que por más que amara el proyecto, necesitaba cambiar la forma en que lo estaba llevando.

Fue en uno de esos días de agotamiento mental cuando me detuve frente a la gata que había inspirado tanto de este viaje. La miré dormir tranquila, completamente distinta a como llegó, y ahí entendí que yo estaba haciendo exactamente lo que criticaba de muchos adoptantes, quería cuidarlo todo sola, sin red, sin delegar, sin pedir ayuda, y eso me estaba quemando por dentro. La “resurrección” vino como una incomodidad profunda que finalmente tuve que enfrentar.

El cambio empezó con la decisión de dejar de intentar controlarlo todo. Acepté ayuda en serio, no solo de palabra. Permití que otros voluntarios tomaran parte activa, que me ayudaran con tareas que antes no soltaba por miedo a que algo saliera mal. También dejé de sentir culpa por tomarme un día de descanso, porque entendí que un proyecto de cuidado no puede crecer si quienes lo sostienen están destruidos por dentro.

A medida que dejaba entrar a otros, TodoCats empezó a respirar distinto. Las cosas fluían mejor, las actividades se organizaban con más claridad y los gatos recibían atención más equilibrada. Yo misma empecé a sentirme más liviana, menos cargada. No porque el trabajo disminuyera, sino porque ya no lo hacía desde el sacrificio extremo, sino desde una estructura más sana.

La resurrección también tuvo que ver con mi forma de ver el proyecto. Antes lo veía como un lugar al que tenía que proteger de todos los posibles errores. Ahora lo veía como algo vivo, flexible, en constante crecimiento, que podía adaptarse y mejorar. Empecé a planear cosas nuevas sin que me diera miedo el esfuerzo, una comunicación más clara, una mejora del formulario de adopción, nuevas categorías en la tienda solidaria, alianzas con veterinarios. Cuando dejás de defenderte del proyecto y empezás a construirlo realmente, todo cambia.

Cuando miro ese período ahora, siento que renací dentro del proyecto. Ya no actuaba desde la inseguridad del “a ver si puedo”, sino desde la convicción de “ya sé que puedo, y ahora quiero hacerlo mejor”. 

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